Capitulación


- Yo la quería, nos llevababamos bien -protestaba Antonio al borde de las lágrimas-: Teníamos una relación normal...
Y el bicho muerto coreaba en mi oído:
- Una relación normal... ¿qué tiene de interesante eso?
- No sé porqué me dejó. Yo pensé que nos íbamos a casar. No es que se lo hubiera propuesto, pero viste, la corriente te lleva. No entiendo qué pasó...
- Ahhhh... ¡un apasionado! ¡todo un aventurero! -se burlaba el bicho de fondo, como le gusta hacer a él cuando está tranquilo.
Antonio siguió:
- Y ahora me convertí en este ser miserable que soy.
- Bueno, la hora de la verdad: ¡el miserable descubrió su miseria! -rió el bicho.
- Soy una largartija. Ayer me lastimé las manos, rompí el pantalón, no me importó nada. Me pasé una hora entera colgado de una rama de un árbol espiándola mientras se depilaba. Masturbándome...
- Glup... -el bicho hizo un silencio intenso.
- He llegado al colmo de la indignidad. Ni siquiera borracho puedo mirarme al espejo. Pero no puedo parar. Acecho el momento en que va a estar con otro... ¡Eso es lo mejor!
- Glup... -el silencio del bicho muerto se sentía como un extraño vacío.
- Ya ni se trata de ella. También he trepado techos para espiar a otras. Me van a hechar del trabajo, ya me avisaron. A veces llego en un estado lamentable. Que hagan lo quieran. Yo he descubierto el cielo y no voy a volver atrás.
- Glup... -el bicho muerto, por primera vez en la historia sonó apabullado-: Caramba, ahora sí que me toca tragarme mis palabras... una por una... Varios tomos me voy a tener que tragar...

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