No es que yo viva conforme, la verdad, pero me enferman los tipos que viven denunciando al mundo. Ah.. lo mal que está el mundo.
Se los puede detectar por una expresión: siempre hablan de "este" mundo. Ellos, por supuesto, conocen varios. Sobre todo, conocen el bueno.
Lo más asombroso es que la gente los escucha con gentileza sin decirles:
- Oiga, caballero: no es usted quién juzgará cuánto vale el mundo. Más bien el mundo juzgará cuánto vale usted, y ahí vemos.


Hubo tiempos en que se le daba a la matraca con el tema de la libertad, tanto que se llegaron a inventar unas recetas muy extrañas. Me encantaría hacer un documental del tipo "animales extremos" con el asunto.

Podría empezar, por ejemplo, con el imperativo categórico kantiano, que es un bicho muy extremo en materia de libertad. Implica librarse de las mezquinas necesidades de la vida, de las conveniencias del momento, de las normas más o menos estúpidas de la convivencia con el prójimo. También se trata de librarse de las leyes vigentes en el momento histórico. Romper con todo eso y no someterse a nada más que...: la exigencia del universal. Jé, je, je...

Pero, como siempre hay uno más extremo, San Pablo no se conforma con no deberle obediencia al emperador ni a poder terrenal alguno. También insta a los cristianos a librarse del cuerpo. Porque "ustedes no recibieron un espíritu de esclavos", ¿cómo van a someter el espíritu a las exigencias de un cuerpo?

Hay otros para el documental, pero ya me harté. Por suerte todas esas elucubruciones son puras exquisiteces de museo. Ya no se le ocurre a nadie cómo librarse de sus ataduras.