Me anda pasando algo que, la verdad, no sé.
Mientras la mitad de mi cerebro se esfuerza por hacer algun comentario más o menos acorde a una situación, la otra mitad se me subleva. Se resiste al trabajo inútil. Solo admite emisiones del tipo: "Ahhh" "Ohhh" y "claro, claro".
A veces logro acallar al hemisferio soliviantado y terminar decorosamente alguna frase que venga al caso. Pero puedo percibir que poco a poco voy perdiendo la batalla.
¿Y ahora? ¿Ahora qué?
Publicadas por pequeño ofidio a la/s 12:19 a. m.

Ando tan perturbadita que me tomé un whisky y me puse a leer el Tratado de la Desesperación. El título me atrajo con la fuerza gravitacional de una mega estrella.
Se trataba -qué menos- del horror y la salvación. Se sostiene lo que cualquiera que se tome un whisky leyendo eso ya constató: que la felicidad no es esencial al espirítu.
Tampoco lo son la belleza, el amor o la alegría. Todo eso es vano, superficial, falso contento, dice el Tratado. En ese momento empecé a pestañear medio desorientada. Y entonces, ¿qué? -me dije-. Pero el tratadista respondió de inmediato:
Lo único definitivo es la eternidad. Y ella apunta a la desesperación. El que no ha estado desesperado no habrá existido para la eternidad.
A esa altura de los acontecimientos empiné la botella del pico y tiré el libro:
- ¿Ah, sí? ¿Y a esa señora eternidad quién la conoce? -gemí arrastrándome hasta la cama-: ¡Yo no vivo bajo su jurisdicción!
Qué pena que una respuesta ingeniosa no sea suficiente, ¿no?
Publicadas por pequeño ofidio a la/s 1:11 a. m.

Soñé que estaba en un hotel descascarado pero enorme. Tenía sexo con el mozo en el ascensor. Sexo áspero. Sin intercambiar ni el saludo.
A continuación estaba sentada a la mesa. El mozo me servía la combinación de platos incongruentes que había pedido para desayunar: kanikama con yougurt, buñuelos, costillas de cerdo, etc. De pronto comenzó a hacerme planteos agrios:
- A mi nunca me gustó hacer excepciones al menú -decía-. Nunca me gustó que me digan cómo tengo que servir una mesa, imagínese. Nunca me gustó...
Mientras la lista proseguía una cólera intensa me invadió. Le grité furiosa:
- ¿No le gustó? ¡Y a mi qué me interesa!
Y seguí gritando a viva voz:
- ¡Y no se vaya que no terminé mi pedido! ¡Ahora quiero que me traiga el menú completo!
Publicadas por pequeño ofidio a la/s 6:38 p. m.
who is calling?
No sé porqué. No puedo decir ni que haya frialdad en mi naturaleza ni que tenga mala suerte. Yo creo más bien que mi incompetencia es pura consecuencia con una hipótesis.
Y ayer, escuché la hipótesis, con unos putos tambores yoruguas:
"cuando sepas que los pasos
que suben la escalera
de ninguna manera
vienen por vos"
Publicadas por pequeño ofidio a la/s 12:29 a. m.
Lo mejor de la piel es que no nos deja huir

Ayer pasé media hora en un pasillo de hospital. Había tanto viento que parecía el Canal de Beagle.
Estuve ahí, con los brazos cruzados, acompañando en silencio a un desconocido furioso.
Rompió los vidrios de las ventanas, destrozó un par de puertas a patadas, vació los matafuegos. Gritaba amenazas de muerte con una voz dolorosa.
No pensé en nada más que en la distancia de los cuerpos. No permitir que se alejara de mi más de un par de metros; no acercarme a él más de un metro. Nada más.
Al fin aplastó la cara contra una columna. Con los ojos llenos de lágrimas, me miró por primera vez. Gracias, dijo. Asentí con la cabeza y me fui.
Más tarde me fumé un camel y me pregunté porqué alguien hace lo que yo acababa de hacer. La respuesta estaba preparada en mi espíritu como un palo de amasar: Porque no hay a donde huir.
Se me cayeron los pantalones de pura tristeza.
Publicadas por pequeño ofidio a la/s 7:58 a. m.


