Hace ya más de un siglo, en varios quirófanos del mundo se materializó una escena onírica. El paciente despierto, con el cerebro expuesto tras una amplia craneotomía, conversaba con el cirujano. Este se situaba a sus espaldas, electrodo en mano, estimulando cada centímetro de corteza y registrando la respuesta.

Después de varias décadas los cirujanos le devolvieron su tapa al cráneo. Habían aprendido mucho sobre motricidad, claro, aunque para estudiar la motricidad es suficiente con las ranas.

El sujeto que buscaban entre los sesos frescos y parlanchines se les escapó por las circunvoluciones de la corteza como un pez resbaloso.


Hace ya más de un siglo que lo buscan: vivo o muerto.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

ay, kaiten, ahora vienen por míí....en qué circunvolución me meto??? indiqueme que ya siento el electrodo cerca...ayyy