Morder el grano de pimienta en la mortadela? Apostar por quién será el próximo canciller de Australia? Aproveche que no hay azafata en el Challenger, y sírvase usted mismo.



Medio dormida en el sofá escuchaba la llovizna y me parecía que escuchaba el ruidito de mis sesos fritándose en aceite usado.

Mamá dos días en casa. Esa vieja sensación de que un pensamiento acompaña cada uno de mis movimientos, hasta en el baño. El pensamiento, por supuesto, corrige cada uno de mis movimientos. Todos están, de algún modo, en algún punto, mal ubicados.

Si alguien nos mirara


Primero pensó que necesitaba cambiar de apariencia. Gastó en ropa de un estilo totalmente diferente, prestó atención a la caída de las telas, a los cortes, a las formas. Cambió el tipo de zapatos, las combinaciones, los accesorios. Tinturas y cremas en el pelo. Horas en el gimnasio, vapor.

El cambio se notó pronto. Se veía diferente, pero no tanto. Hacía falta algo más. Se hizo unos retoques quirúrgicos en la cara, las piernas, los brazos. El cambio era impresionante, pero seguía siendo la misma persona.

Entonces, por fin, entendió la verdadera dimensión del asunto. Miró a sus espaldas, consiguió documentos falsos, cambió de oficio y se mudó a otra ciudad. Ahora piensa en cambiar de sexo, si encontrara la manera de hacerlo sin dejar demasiadas pistas tras de sí.

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Solo para mentes brillantes: rimar con apuestas de Campeones de la UEFA, tercetos en endecasílabos, por supuesto. Este es un entretenimientos ofrecido por la azafata del Kursk. Habrá más.


La máscara de goma azul traslúcida del nebulizador me cubre la cara como un extraño bozal. Los vahos de vapor inundan el ambiente al ritmo agonizante de mi respiración.

A través de todos los obstáculos, durante una eternidad, contemplo fijamente el escudo de philip morris. No alcanzo a distinguir si eso de los costados son leones. Pero lo observo intensamente en la niebla.

Yo sé exactamente lo que me sucede, para algo leí Graham Greene, Lowry y hasta Chesterton. Es el comportamiento propio de un cónsul inglés.

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Aquí espero el nombramiento, sonriendo con mi copa de Hesperidina, en mac poker online.


Cuando supo que su amante estaba embarazada, Moyano la instaló en un departamento discreto en la provincia, donde la iba a ver todos los fines de semana. Al mismo tiempo empezó a tener el impulso de hablar sinceramente con su mujer oficial.

Una noche destapó un buen vino, la llevó al balcón y dijo mirando el horizonte oscuro:

- Ultimamente he estado pensando mucho en un kamikaze. No en los kamikazes en general sino en uno en particular. Pienso en toda la preparación, la tensión, la solemnidad con que se decide a morir por algo. Me imagino con lujo de detalles todo lo que ese hombre piensa y siente antes de lanzarse contra el barco enemigo...

- Qué pensamiento terrible... -dijo ella.

- No, esa parte no es terrible. Lo terrible viene después. Porque no me puedo sacar de la cabeza la idea de que ese kamikaze yerra el blanco y se hace picadillo dos metros más allá, sin hacerle ni raspón al barco. No sé porqué no me puedo sacar esa idea de la cabeza... No me deja dormir...



Pepe pasaba gran parte del día secándose con la manga la baba que caía de su labio inferior. Le decían el oligo y él se llamaba a sí mismo Oligo, vaya a saber con qué significado.
Un día se encontró un pedazo de tronco como del tamaño de un bebé. Lo envolvió en una mantita y lo cargó en brazos con mucho cuidado. Anduvo semanas preguntando cosas sobre troncos a la gente, hasta que se ve que llegó a alguna conclusión. Entonces empezó a decir que él era escultor en madera. Y se pasó los años siguientes cargando el tronco de modo permanente, excepto cuando lo arropaba en la cama a su lado para dormir. "Es mi oficio" -decía contento.

Alguien escribió -Faulkner me parece-, que todas las voces, los ruidos, los sonidos, todo se puede falsificar. Menos el silencio.

Uhg...