Después de varias décadas los cirujanos le devolvieron su tapa al cráneo. Habían aprendido mucho sobre motricidad, claro, aunque para estudiar la motricidad es suficiente con las ranas.
El sujeto que buscaban entre los sesos frescos y parlanchines se les escapó por las circunvoluciones de la corteza como un pez resbaloso.
Hace ya más de un siglo que lo buscan: vivo o muerto.






